En el país de Chu vivía un hombre aficionado a la pesca, hacía su hilo de pescar de seda, su anzuelo de corteza de trigo, y su caña de un fino tronco de bambú. Como cebo se servía de un grano de arroz.
Su lugar favorito de pesca era una zona de aguas profundas en un río de corrientes rápidas. Allí arrojaba su cebo y siempre volvía con un pez tan grande como su carreta; además su sedal no se rompía, su caña no se doblaba, ni su anzuelo se partía.
El rey de Chu tenía mucha curiosidad por saber la forma en que este hombre pescaba, así pues, un día lo invitó a su corte y le preguntó.
_ ¿Cómo puedes pescar peces tan grandes con aparejos tan raros?
_ He oído hablar a los antiguos sabios de un arquero que utilizaba un arco hecho con una débil vara de madera y una fina cuerda de algodón, que alcanzaba 2 pájaros con una misma flecha.
Podía hacerlo porque su atención estaba concentrada y comprendía el equilibrio de tensar y soltar. Decidí utilizarlo como ejemplo para perfeccionar mis habilidades de pesca porque admiraba sus hazañas. Desde entonces deseché toda cosa y pasé todo mi tiempo aprendiendo el arte de la pesca.
Finalmente después de 5 años fui capaz de lanzar mi sedal sin distracciones. Ahora, cuando me siento a la orilla del río mi mente está totalmente concentrada en pescar y en nada más. Tengo una buena sensación al soltar y recoger el sedal; los peces ni siquiera se enteran cuando entran en el agua el anzuelo y el cebo. Para ellos, el cebo no es diferente del grano de arena o de una burbuja y se lo tragan sin sospechar.
Este es el principio de servirse de lo blando para vencer lo fuerte y de lo ligero para sostener lo pesado.
Majestad, si podéis gobernar vuestro país de esta forma, todas las cosas del mundo estarán al alcance de vuestra mano. ¿Acaso no es más efectivo que utilizar la fuerza?
El rey quedó muy sorprendido por el consejo del pescador.
¿Hay armonía entre lo blando y lo duro, lo liviano y lo pesado, entre la actividad y el descanso? ¿En medio de cuantos pensamientos salta la mente de segundo en segundo?
Su lugar favorito de pesca era una zona de aguas profundas en un río de corrientes rápidas. Allí arrojaba su cebo y siempre volvía con un pez tan grande como su carreta; además su sedal no se rompía, su caña no se doblaba, ni su anzuelo se partía.
El rey de Chu tenía mucha curiosidad por saber la forma en que este hombre pescaba, así pues, un día lo invitó a su corte y le preguntó.
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| Sin resistencia no existiría el vuelo |
_ ¿Cómo puedes pescar peces tan grandes con aparejos tan raros?
_ He oído hablar a los antiguos sabios de un arquero que utilizaba un arco hecho con una débil vara de madera y una fina cuerda de algodón, que alcanzaba 2 pájaros con una misma flecha.
Podía hacerlo porque su atención estaba concentrada y comprendía el equilibrio de tensar y soltar. Decidí utilizarlo como ejemplo para perfeccionar mis habilidades de pesca porque admiraba sus hazañas. Desde entonces deseché toda cosa y pasé todo mi tiempo aprendiendo el arte de la pesca.
Finalmente después de 5 años fui capaz de lanzar mi sedal sin distracciones. Ahora, cuando me siento a la orilla del río mi mente está totalmente concentrada en pescar y en nada más. Tengo una buena sensación al soltar y recoger el sedal; los peces ni siquiera se enteran cuando entran en el agua el anzuelo y el cebo. Para ellos, el cebo no es diferente del grano de arena o de una burbuja y se lo tragan sin sospechar.
Este es el principio de servirse de lo blando para vencer lo fuerte y de lo ligero para sostener lo pesado.
Majestad, si podéis gobernar vuestro país de esta forma, todas las cosas del mundo estarán al alcance de vuestra mano. ¿Acaso no es más efectivo que utilizar la fuerza?
El rey quedó muy sorprendido por el consejo del pescador.
¿Hay armonía entre lo blando y lo duro, lo liviano y lo pesado, entre la actividad y el descanso? ¿En medio de cuantos pensamientos salta la mente de segundo en segundo?


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